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Philip Wollen, o cómo 10 minutos erizan el corazón

Philip Wollen, o cómo 10 minutos erizan el corazón

Escucha el discurso de Philip Wollen, uno de los más poderosos a favor de los derechos de los animales no humanos. Da el paso, piensa con el corazón. Vive vegano.

Philip Wollen, productor de la trilogía Earthlings, pronunció este discurso en el St. James Ethics Centre en Australia en 2012. De manera brillante, con un hilo argumentativo perfecto, intercalando dosis de humor con grandes cargas de emotividad, consigue, en tan sólo diez minutos, sembrar la duda razonable. Y esa duda razonable es la esperanza en un mundo donde no se discrimine o instrumentalice a ningún animal no humano por el hecho de serlo.

«Los animales deben estar fuera del menú«, sentencia Wollen. Y añado: y de nuestros roperos, de los botiquines, de los estuches de maquillaje y los productos de limpieza. Fuera de los laboratorios, de las salas de experimentación, de los zoológicos, de las granjas, de las ferias, de las plazas, de las fiestas y hasta del camino del Rocío. Los animales no humanos no han nacido para servirnos de la misma manera que las mujeres no hemos nacido para servir a los hombres.

Sólo una puntualización, al final del discurso Wollen pide que seamos la voz de los demás animales, ya que no la tienen. Los demás animales sí tienen voz, y la utilizan cada día, a cada instante. Nosotras somos su altavoz, el altavoz que amplifica su grito de liberación, su grito de libertad.

«Noche en los acantilados. El rey Lear le pregunta al ciego conde de Gloucester: ‘¿Cómo ve usted el mundo?’. Y el ciego Gloucester le responde: ‘Yo lo veo sintiéndolo’.

¿No deberíamos todos verlo así? Los animales deben estar fuera del menú. Esta noche miles de animales están gritando desesperados y aterrorizados en mataderos, en cajas y en jaulas. Auténticos gulags.

Oí los gritos de mi padre cuando agonizaba mientras su cuerpo era devastado por el cáncer que terminó matándolo. Y me di cuenta de que había oído esos gritos antes. En los mataderos, con sus ojos apuñalados y sus tendones cortados, en los barcos de ganado que iban hacia Oriente Medio. Y en la moribunda ballena que llamaba a su cría cuando el arpón de un barco japonés estallaba en su cerebro. Sus gritos eran los gritos de mi padre.

Descubrí que, cuando sufrimos, sufrimos de igual manera. Y que, en su capacidad de sufrir, un perro es igual a un cerdo, es igual a un oso y es igual a un niño.

La carne es el nuevo veneno, más mortífero que el tabaco. El CO2, el metano y el óxido nitroso de la industria ganadera están matando nuestros océanos, dejando amplias zonas ácidas y muertas. El 90% de los peces pequeños son molidos para alimentar al ganado.

Las vacas, siendo vegetarianas, son ahora las más grandes depredadoras del océano. Los océanos están muriendo. En el 2048 todos los peces estarán muertos. Miles de millones de pollitos son triturados vivos simplemente porque son machos.

Torturamos y matamos a dos mil millones de animales cada semana. 10.000 especies son eliminadas cada año a causa de las acciones de una sola especie. Estamos ante una extinción masiva. Si cualquier otro organismo hubiera hecho esto, un biólogo lo definiría como un virus. Se trata de un Crimen contra la Humanidad de proporciones inimaginables.

Afortunadamente, el mundo ha cambiado. Hace diez años, Twitter era el sonido de un pájaro. WWW era el teclado bloqueado. La nube estaba en el cielo. Google era el eructo de un bebe, Skype era un error tipográfico y Al-Qaeda era mi fontanero. El escritor francés Víctor Hugo dijo: «No hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado». Los Derechos de los Animales son ahora el mayor problema de justicia social desde la abolición de la esclavitud.

Hay más de 600 millones de vegetarianos en el mundo. ¡Si fuéramos una nación sería más grande que los 27 países de la Unión Europea! A pesar de esta enorme huella demográfica, todavía estamos ahogados por los enormes intereses económicos de los que cazan, disparan y matan, quienes creen que la violencia es la respuesta, cuando ni siquiera debería ser la pregunta.

La carne es una industria de matanza: mata a los animales, nos mata a nosotros y a nuestras economías. Medicare ya ha quebrado en los EE.UU. Necesitarán ocho billones de dólares invertidos en bonos del Tesoro solo para pagar los intereses. ¡Y tienen exactamente cero! Podrían cerrar todas las escuelas, ejércitos, marina, fuerza aérea y los marines, el FBI y la CIA… y todavía no sería capaz de pagarlo. Después de años de estudios, las Universidades de Cornell y de Harvard llegaron a la conclusión de que la cantidad óptima de carne para una dieta saludable es precisamente de cero.

El agua es el nuevo petróleo. Pronto las naciones irán a la guerra por ella. Los pozos subterráneos, que han tardado millones de años en llenarse, se están secando. Se requieren 50.000 litros de agua para producir un kilo de carne de vaca.

Mil millones de personas hoy tienen hambre. 20 millones de personas morirán a causa de la desnutrición. Disminuir un 10% la ingesta de carne podría alimentar a 100 millones de personas. La eliminación de la carne de nuestra dieta puede terminar con el hambre.

Si todo el mundo se alimentara como nos alimentamos en Occidente, necesitaríamos dos planetas Tierra. Pero sólo tenemos uno. Y se está muriendo.

Los gases de efecto invernadero producidos por la ganadería son un 50% mayores que los producidos por todo el transporte: aviones, trenes, camiones, automóviles y barcos incluidos.

Cuando viajo por todo el mundo, veo que los países pobres venden sus cereales a Occidente mientras que sus propios hijos mueren de hambre. Y Occidente alimenta con ese grano al ganado. ¿Para que podamos comer carne? ¿Soy el único que ve esto como un delito? Créanme, cada bocado de carne que comemos es como una bofetada en la cara de un niño hambriento. ¿Cuando miro sus ojos debo permanecer en silencio? La Tierra puede producir suficiente alimento para satisfacer las necesidades de todos, pero no para satisfacer la avaricia de algunos.

Estamos enfrentándonos a la tormenta perfecta. Si cualquier nación desarrollara armas que causaran tales daños al planeta, lanzaríamos un ataque militar y la devolveríamos a la Edad de Bronce. Pero en este caso no se trata de un Estado criminal. Se trata de una industria. La buena noticia es que no hay que bombardear. Podemos simplemente dejar de comprar. Nuestros cuchillos y tenedores son armas de destrucción masiva.

Nuestra propuesta es una solución práctica para el futuro, una solución que resuelve nuestros problemas ambientales, de agua, nuestros problemas de salud y termina con la crueldad. Esta cruel y desagradable industria terminará porque nos hemos quedado sin excusas.

La Edad de Piedra no terminó porque nos quedáramos sin piedras. Esta cruel y asquerosa industria terminará porque nos quedamos sin excusas. La carne es como esas monedas de 1 y 2 céntimos. Cuesta más hacerlas de lo que valen.  Y los agricultores son los que más ganarán con el cambio. La agricultura no tendrá fin, estará en auge. Sólo la línea de productos cambiará. Los agricultores ganarían tanto dinero que ni siquiera se molestarían en contarlo. Los gobiernos nos amarían. Nuevas industrias surgirían y florecerían. Las primas de seguros de salud se desplomarían. Las listas de espera desaparecerían. ¡Rayos!, seríamos tan saludables que habría que matar a alguien sólo para crear un cementerio.

Así que esta noche lanzo dos desafíos:

1) Está comprobado que la carne produce una amplia gama de cánceres y enfermedades del corazón. Nombren, por favor, una enfermedad causada por una dieta vegetariana.

2) Estoy financiando la trilogía del documental Earthlings ( Terrícolas). Si la oposición está tan segura de sus argumentos, los desafío a que envíen el documental Earthlings a todos sus colegas y clientes. Vamos, los desafío. ¿A que no se atreven?

Los animales no son sólo otras especies. Son otras naciones. Y los asesinamos bajo nuestra responsabilidad. El mapa de la paz se dibuja en un menú.

La paz no es sólo la ausencia de guerra. Es la presencia de Justicia. La Justicia debe ser ciega a la raza, el color, la religión o las especies. Si no es así, será un arma de terror. Y esta noche existe un terror inimaginable en esos horribles guantánamos que llamamos granjas industriales o mataderos. Créanme, si los mataderos tuvieran paredes de cristal, no tendríamos este debate esta noche. Creo que otro mundo es posible. En una noche tranquila, puedo escuchar su respiración. Saquemos a los animales fuera del menú y fuera de esas cámaras de tortura. Por favor, seamos la voz de aquellos que no tienen voz. Muchas gracias».

Fuente: El caballo de Nietzsche

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