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Mi nombre es Lourdes, la cabra vegana, una tiendecita de barrio frente a una plaza (de La Reverenecia) con fuente al lado de la calle Alcalá. Cuando entráis en la tienda por primera vez me gusta ver cómo os detenéis y decís: qué bien huele… En mi cabra huele a hierbas, a especias, a curry, pimienta y romero. Huele a canela, a vainilla, a nuez moscada… a fruta y verdura, a cebolla, berenjena, tomates. A manzanas verdes, amarillas y rosas… Y a paz. Porque si algo reina en la tienda es la paz, el reencontrarnos con la tierra, las sonrisas y los besos. Me encanta cómo sonreís y cómo sonrío, cómo los graneles dan pie a conversaciones sobre recetas y guisos y cómo interactuáis entre vosotras mientras yo atiendo o coloco los pedidos o me quedo embobada con vuestra pericia culinaria.

En Mi Cabra también hablamos de especismo, de mi ahijado Tizón –un cabrito negro y precioso-, de las asociaciones con las que colaboráis y de cómo afrontar el día a día en un mundo…, en este mundo. Me gusta escuchar  vuestras historias de cómo un día sonó vuestro clic, y me gusta contar cómo fue el mío. Siempre se me humedecen los ojos. Con una  vaca fue. Las vacas, que son las madres de todas nosotras. La imagen de una vaca explotada en el ordenador. Sus ojos. Los ojos de mi perro. Volví la mirada a los ojos de aquella madre… la madre de todas nosotras salvo de su retoño, ya hecho filetes o siendo criada para seguir la cadena de su predecesora. De su madre. Sabéis que los bebés han de estar siempre con sus madres, ¿verdad? – O, al menos, con alguien que los quiera y los cuide. Son bebés.- Noté cómo sonó el clic. Clic. Lo noté porque hasta el aire que respiraba en ese momento cambió su densidad. Seguía siendo de noche. Cogí el móvil. Escribí a un amigo. “Dejo la carne. ¿Y ahora qué?” Me llamó enseguida. Hablamos durante horas. “Se acabó”, dije. “Se acabó.”

Al par de meses ese clic había dado paso a un run-run… Había que hacer algo. Tenía, quería hacer algo. No podía quedarme sólo en dejar de comerlos, vestirlos, usarlos… Y nació la idea de mi bella, linda y maravillosa cabra vegana. Un lugar desde el que difundir el veganismo, el feminismo, el antiespecismo. Un lugar donde juntarnos, donde hablar, donde pensar. Un lugar para la acción. Y aquí estamos. Aquí estoy. Aquí está Mi Cabra Vegana.

Justo al tomar la decisión, recuerdo una llamada de mi madre, iba a hacer la compra con mi padre y preguntó si quería leche. “Mamá, ya no voy a tomar leche de vaca”, “De soja entonces”, respondió. No se inmutó. Ni siquiera le había dicho nada aún. Otra vez me llamó, que tenía muchos huevos y si quería. “Mamá, ya no voy a tomar huevos”, “Ah, vale”. Luego ya fui a su casa y se lo dije. “No voy a consumir animales no humanos nunca más”. No hubo gritos al cielo, ni proteínas, ni nada de nada. Era como si lo estuviesen esperando. Era como si mi madre lo estuviese esperando.

-Mamá, cuando dije que me hacía vegana, tú no te inmutaste. Lo entendiste. Fue como si lo estuvieras esperando.

-Lo estaba esperando.

A mi madre


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